El mundo de la tecnología ha vivido esta semana lo que muchos expertos ya califican como el "momento Sputnik" del siglo XXI. Tras años de desarrollo en secreto, OpenAI presentó los resultados de su modelo de próxima generación, Orion. A diferencia de los modelos anteriores (como GPT-4 o GPT-5), que predecían la siguiente palabra basándose en probabilidades, Orion ha demostrado capacidad de razonamiento autónomo.
En una prueba controlada, la IA fue capaz de diseñar una solución logística para la distribución de vacunas en zonas de conflicto, considerando variables éticas, climáticas y políticas que no estaban en su base de datos original.
El impacto de este avance es sísmico. Sam Altman, CEO de la compañía, afirmó en una rueda de prensa que estamos ante el nacimiento de la Inteligencia Artificial General (AGI), una forma de IA que puede aprender cualquier tarea intelectual que un humano pueda realizar. Sin embargo, el anuncio no ha estado exento de polémica.
Gobiernos de la Unión Europea y las Naciones Unidas han convocado a una cumbre de emergencia para el próximo lunes, buscando establecer "protocolos de contención" ante una tecnología que ahora puede escribir código para mejorarse a sí misma sin intervención humana. Mientras los mercados financieros celebran con alzas históricas en las acciones de Nvidia y Microsoft, la pregunta que queda en el aire es: ¿estamos preparados para compartir el planeta con una entidad que razona como nosotros, pero mil veces más rápido?
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